miércoles, 3 de mayo de 2017

El niño en la cultura - Mayo de 2017

I N S T I T U T O   O S C A R   M A S O T T A 2
D e l e g a c i ó n   R í o   G a l l e g o s


EL NIÑO EN LA CULTURA
(Texto a publicado en el diario La Opinión Austral, el día 03 de Mayo de 2017)

Autor: Lic. Ariel San Román
(Miembro de la Delegación Río Gallegos perteneciente al I.O.M.2.)

A- En el texto “El infans en la cultura” (Psicoanálisis con niños – Los fundamentos de la práctica; 2006, Ed. Grama), Marcela Antelo realiza un recorrido histórico del concepto de infancia tal como lo conocemos. Hagamos una pequeña reseña del mismo.
Se debe partir de considerar a la infancia como un categoría y convención social, es decir que el niño, hecho de la naturaleza, es metaforizado culturalmente y se produce como objeto cultural, objeto de múltiples saberes y prácticas. Hoy por hoy, encontramos que una multiplicidad de discursos toman la infancia como referencia, por lo cual, cuando llega la hora de definirla como campo para operar en ella, no es poco frecuente que las fronteras se entrecruces y confundan.
Es allí que la autora, advierte sobre la constatación de un fenómeno contemporáneo que se podría llamar pedagogismo, que invade las prácticas clínicas en la actualidad. Se trata de cierta invasión de fronteras entre el discurso pedagógico y las voluntades terapéuticas que animan nuestra época, cuyo efecto catastrófico es reducirlas a una mera corrección reeducativa del niño, cuya desviación hay que adecuar a una norma. 
Es por ello, que para poder abordar la infancia hoy se hace necesario conocer la historia del concepto, en su intensión y extensión. 
B- La particularidad del niño no existía en la época medieval: basta observar el arte pictórico de aquella época, para observar que al niño se lo consideraba con un adulto reducido, cuya principal característica era su fragilidad manifiesta en los índices elevados de mortalidad infantil. El puente entre el individuo y lo social era tendido a partir del linaje, y

no por lo que hoy llamaríamos núcleo familiar. Era una cuestión de sangre y no de  transmisión discursiva y de los afectos. La familia, concepto hermano de la infancia y que acompaña históricamente sus variaciones, era operativa, con una función pragmática. Sus funciones se reducían a conservar un patrimonio, transmitir un oficio y garantizar la sobrevivencia de la comunidad. Las escuelas, que eran técnicas o religiosas, no eran pensadas como un espacio de socialización.
C- Sólo a partir del siglo XIII al XV, se introduce el niño en la vida familiar. Aparece la iconoclastía de ángeles y el niño Jesús, y comienza a retratarse a niños. Nace el colegio y la pedagogía, separando las edades en clases y se inaugura la gradación del saber: a cada edad, determinada enseñanza.
Se inicia un proceso llamado moralización de la sociedad de la mano de pensadores como David Gerson, quien estudia el comportamiento sexual de los niños e introduce en los confesores la idea de despertar el sentimiento de culpa como recurso pedagógico, fundándose colegios bajo esta égida culpabilizadora.
La cohabitación en el lecho de personas de diferentes edades comienza a extinguirse, y nacen las conversaciones prohibidas que la mirada vigilante religiosa trae como efecto.
D- A finales del siglo XVI, se produce una cambio radical. La infancia comienza a tener juegos propios y otros nocivos, apareciendo una enorme literatura moral y religiosa dirigida a padres y educadores.
Al niño se lo piensa como débil e inocente, inocencia ésta que refleja una supuesta pureza de carácter divino. Surge la inquietud de preservar estos valores evitando posibles desviaciones. Por lo cual comienza a sistematizarse una preocupación alrededor del niño cuya consecuencia es la transformación de la escuela como un espacio donde tratar e instaurar esos valores. Es la escuela con las características que Freud delimita: “La educación tiene que forzosamente inhibir, prohibir, someter...”
Junto con esta preocupación, nace el sentimiento moderno de familia conyugal, nace la intimidad y el secreto, la curiosidad sexual alrededor del coito parental con sus correspondientes agujeros de cerradura. El deleite del par parental, no obstante, se concentra en otro lugar. Madre y Padre, haciendo unidad, se dedican a la contemplación emocional del niño. Es el “His Majesty The Baby” freudiano, el cual es el depositario de las expectativas, deseos y narcisismo de los padres.
E- Los cambios no son lineares, conviven nuevos y viejos esquemas, los acentos de la época se mezclan. Sólo en el siglo XIX, la intimidad gana pleno derecho con la posibilidad de cada cual poseer su propia habitación y ganarse su propio sustento. Comienza la división social entre los que van con la Modernización de la familia y los que van detrás, los excluidos del sistema económico, división que se sostienen en la actualidad.
F- Un hito importante para la constitución del concepto de infancia, es el establecimiento del discurso higienista (donde las políticas públicas comienzan a reparar con detenimiento en la salud de la ciudad y sus habitantes). Poco a poco se va constituyendo un cordón sanitario alrededor del niño, que pasa a ser objeto de una vigilancia discreta. Comienzan a ser necesarias leyes de protectoras de la infancia y la infancia comienza ser valorizada como un bien, como un “capital humano” de una nación: una inversión a futuro.
Del vientre de la empresa higienista, surgen disciplinas como el Trabajo Social, la Pedagogía, la Psiquiatría infantil, la Psicología, etc.
G- El niño como objeto de estudio que requiere la vigilancia permanente de los profesionales, ya que la familia no ofrece suficientes garantías, llega hoy a su apogeo. Y es en este contexto que esta cuestión de las fronteras que disputan las disciplinas que privilegian la infancia, hace síntoma actual. Al decir de Marcela Antelo, ante los impasses escolares, por ejemplo, comenzamos “en la pediatría y rápidamente estamos en el campo de la sociología...”, pasando por la pedagogía, luego la psicología y terminando en ese campo intermedio que es la psicopedagogía, para un retorno a la psiquiatría infantil y sus fármacos, y uno nunca sabe dónde detenerse. Surge, entonces la pregunta: ¿dónde queda la subjetividad de los niños y niñas que portan un malestar, ante todas esas miradas que lo fragmentan?

Auspicia: U.N.P.A – U.A.R.G – Colegio de Psicólogos de Santa Cruz – Biblioteca Austral de Psicoanálisis
Informes: (02966) 15459476 – 15466777 – 15690793
E-mail: bapriogallegos@gmail.com
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